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La única
realidad
universal

Dices que tienes la verdad
y que tu Dios es el único;
yo digo lo mismo
y mi vecino también.

Creemos solo en creencias.
El amor profesamos, basados en la religión,
y en su nombre matamos sin discreción.

Jesús, Mahoma, Buda y hasta el Papa en Roma
han sido ayer y serán mañana los líderes
que llenan nuestras mentes de teorías y principios
que, como un cantante ya dijo,
no son nada si no los ponemos en acción.

Desde las Cruzadas de la Iglesia católica
hasta la masacre de las Torres Gemelas,
todos creemos tener la razón.

En nombre de la cruz o de la media luna,
de la estrella o de Buda,
unos mueren porque otros creen que deben morir,
y pocos viven porque creen que deben vivir.

Expandimos nuestras tierras
cuando Colón salió, en nombre de la Corona
y de la Iglesia, a cruzar las aguas para llegar
a una tierra virgen donde ya había
no uno, sino varios dioses.

Pero el madero llevaba demasiado peso
y las plumas cedieron ante el metal,
entregando su oro y su virginidad.

Eso fue hace quinientos años,
y en el Norte se repitió cuando
los protestantes se rebelaron
contra la reina Isabel, cruzando las aguas
para encontrar princesas de piel dorada
que, con el tiempo, terminaron
acorraladas, humilladas y desterradas
por decisión del gobierno
de la nueva nación.

Lo mismo podríamos contar
de otras regiones del mundo
donde muchos han llegado a matar.

En nombre de la cruz o de la media luna,
de la estrella o de Buda,
unos mueren porque otros creen que deben morir,
y pocos viven porque creen que deben vivir.

¿Quién tiene la razón?

Todos y ninguno.

Necesitamos creer
que alguien nos trajo
y que alguien, al final,
nos va a recibir.

Pero cuánto mejor
sería dedicarnos
a percibir, a compartir
y a contagiar a otros
y a nosotros mismos
el amor de la humanidad…

La única realidad universal.

Continuar más allá Una interpretación musical inspirada en este fragmento.

Interpretación musical

La única realidad universal