Mujer Canosa
Mujer canosa, mujer que da vida
Fue tu vientre el formador de un ser
Hace ya más de treinta años,
cuando por una broma de Dios
dos jóvenes vivieron un momento
de pasión sin amor.
Tu vida ha estado llena de lágrimas
y soledad desde temprana edad.
Tu padre, alcohólico de siempre,
te daba golpes en lugar de besos y abrazos.
Tu madre, desde las cinco hasta las siete,
cada día trabajaba entre comida y ollas,
entre rezos y rajas, para dar a sus siete hijos
lo mejor que podía.
Tú creciste sola, y sola te formaste.
A tu cargo estaban tus seis hermanos,
que con el tiempo también crecieron.
“Nena” te llaman, y nadie sabe
cuál es tu nombre real.
Entre tijeras y cepillos pasabas
tus días jóvenes, y fue allí donde, en un descuido,
conociste a ese loco soñador que te impresionó.
Fue rápido tu noviazgo, y mucho más breve tu boda,
que se dio en una cama de hospital.
Ese fue el comienzo de la locura
y el final de la tranquilidad.
Rodaste junto con él,
y sola también, cambiando de casa y de realidad.
Desde las zonas marginales fuiste a vivir
a calles de cristal, en una casa donde
lo que importaba era tu apellido y pedigrí.
Pero tú, mujer canosa, fuiste más fuerte que la vida,
y saliste de la locura del d
al declarar tu independencia de un ser
que no te complementaba, que sola te dejaba.
Tomaste a tu hijo y corriste, buscando paz.
Las hojas del calendario se apilaban en el basurero,
las horas morían, y día tras día buscabas la felicidad,
pero tu pasado no te dejaba en libertad.
Tu hijo crecía, y cada día más a ellos se parecía.
Un día pasó que, mientras esperabas el resultado
de una noche de copas, y tu vientre nuevamente
se convertía en formador de vida, tras una discusión
caíste por las escaleras, marcándote para siempre.
Aquella vida terminó, y con ella gran parte de tu ser murió.
Sin saber dónde tu hijo menor fue enterrado, fuiste
enviada hacia el norte entre mentiras y engaños.
A tu hijo se lo llevarían lejos en tu ausencia.
Cuatro años después del milagro de vida, tu retoño
cortó sus raíces y tomó forma de águila,
siguiendo los pasos de su padre.
La soledad total llegó a tu vida, pobre madre sola.
Lloras en tu cama por las noches y esperas
noticias de él todos los días, sin resultado alguno.
Visitas breves en los años siguientes… cada vez
más lejos estabas de tu hijo.
Él crecía en un mundo remoto,
formado en medio de fiestas y regalos,
de dinero y lujo… en medio de soledad y nostalgia.
Mujer canosa, mujer que da vida
Fue tu vientre el formador de un ser
Hace ya más de treinta años,
cuando por una broma de Dios
dos jóvenes vivieron un momento
de pasión sin amor.
Hoy sigues intentando acercarte a él… pero no es el mismo.
Es frío y duro, no aquel niño colocho
con una rana en su bolsillo.
Hoy enfrenta la vida en medio de la soledad.
Hoy es él quien perdió a su hijo,
como resultado de haber querido probar el pasado equivocado.
“Mamá…” quieres oír. “Mamá…” quieres decir.
Pero en él no está.
Su alma se secó… así como la tuya
hace más de veinticinco años.
El destino, la historia, la vida,
marcaron a tu familia el día que aquel error
de pasión cometiste.
Encuentra la felicidad en esas
visitas breves de tus nietas,
y espero que algún día también
tu nieto en la frente te pueda besar.
Vive, mujer… vive.
Sal de tu soledad.
Encuentra tu alma y la razón de vivir.
Deja el pasado y las lágrimas en el ayer.
Llena tu vida de color y música.
Baila… como lo hiciste, moviendo tus
caderas hace más de treinta años.
Eres un ser bello, y la vida te ha premiado
con un ser que te ama y está a tu lado.
No le des tristeza… dale amor, dale vida.
Es junto a él que tus canas crecerán,
es junto a él que un día descansarás
de esta vida que para ti no ha sido vida.
Mujer canosa, mujer que da vida
Fue tu vientre el formador de un ser
Hace ya más de treinta años,
cuando por una broma de Dios
dos jóvenes vivieron un momento
de pasión sin amor.
Rompe ahora las cadenas que te atan
al pasado. Deja ir todos esos recuerdos
con el viento, y encuentra tu hoy y tu mañana.
La vida, a tus casi sesenta, aún guarda
felicidad para ti… no la opaques con el pasado.
Vive, madre. Vive, mujer. Vive, nena. Vive, Mary.
Vive, chiquitilla. Vive, mamá…
porque nadie puede vivir por ti.
Vive… porque en mi mente
tu recuerdo tiene vida.
Un beso, mamá.